jueves, 19 de marzo de 2015

ROCÍO MÁRQUEZ. ¿porqué cantamos?

Es la nueva sensación del flamenco, la nueva generación del flamenco del siglo XXI. Resulta curioso cuanto menos, que habiendo en el panorama flamenco voces tan parecidas a la de Rocío Márquez, sea ella y no cualquier otra la que está triunfando de manera providencial. ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen!-decía el proverbio. Sin desmerecer otras artistas cuyas carreras son también dignas de elogios, el caso de Rocío es paradigmático. 
Los gustos cambian y estos metales de voz, brillantes, lainos, agudos y melismáticos son los que desde hace una década están triunfando. ¿Estaremos volviendo a la ópera flamenca?- Todo apunta a una nueva etapa flamenca: la segunda ópera flamenca. A diferencia de la primigenia, esta no es tan criticada por el público, los aficionados y los ortodoxos. Parece que en la variedad está el gusto y no todo tienen que ser voces rotas, broncas y dañadas por el tiempo y las fatigas. 
Rocío Márquez tiene a su favor, entre otras muchas virtudes, la de innovar. Recoge el testigo de artistas como Pepe Marchena, La Niña de los Peines, Carbonerillo o Vallejo para adaptar sus cantes a un nuevo género musical: la sinfonía flamenca. 
No es fácil adentrarse en el mundo de Pepe Marchena sin caer en el copismo, en la mimetización de su registro tonal y cantaor. Ella sin duda, lo consigue aunque no acaba de romper en ese registro. 
La aventura de Rocío comienza por adaptar las letras de no pocos poetas a estilos del cante con la dificultad que eso entraña. Que le pregunten a Morente. 
Versos de Benedetti, Jorge Manrique, Daniel Olmos, Shakespeare, Teresa de Jesús o Juán Ramón Jiménez y García Lorca para cantes por milongas, 'granainas invertidas', jotillas de Aroche, fandangos o bulerías y rosas. 
Márquez es capaz de lo mejor. La musicalidad de su voz y su búsqueda de sonidos nuevos y melodías propias dan una visión diferente de un recital aparentemente normalizado. Nada más lejos de la realidad. Estamos ante una genial cantaora. Esto no quita que experimentar con la música no siempre sea un acierto. Porque los experimentos son imprevisibles. Y el que dualizó con el Niño de Elche no acabé de entenderlo. No es cuestión de innovar por innovar; es cuestión de hacerlo desde un prisma acorde con el contexto. Y esa noche era la de Rocío. El 'salmo XXI' del cantaor, que utilizó un pedal para grabar sonidos y contraponerlos con su voz su directo, dejó al público tan bloqueado que no aplaudió. No sabemos si por lo fascinante de lo ejecutado o por lo contrario. Para resolver esta duda Rocío se marcó unas seguiriyas de órdago con un remate de Manuel Molina versión Centeno que rompió las copas de los camerinos. O casi. 
Entreactos, el romance a Córdoba con letra del Pastor Poeta, fandangos de Valverde tras la jotilla con versos ligados a tres o remate por fandangos de nuevo acordándose del Carbonerillo. 
Y ahora si, nada de esto hubiese sido posible sin un acompañamiento a la sonanta de Miguel Ángel Cortés a quién habría que darle el Cum  Laude del acompañamiento. Hizo cantar a la guitarra y bailar a las seis cuerdas. Los Mellis al compás, un metrónomo ajustado para la ocasión junto a Agustín Diassera. 



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