Granada es cuna de guitarristas, tierra flamenca donde las seis cuerdas han jugado a ser diosas de la música. Desde los luthiers que se han encargado de fabricar sueños de palosanto hasta los artistas que han convertido en melodías las primitivas maderas.
Uno de esos soñadores de música es David Carmona. Hoy por hoy, la mejor guitarra de concierto con que cuenta Granada. Pese a su juventud, su dilatada carrera, su experiencia al lado del maestro Manolo Sanlúcar y su capacidad para crear, ha convertido una locura de sueño en realidad. Un sueño de locura se ha sacado de la manga, de las manos, del alma, del corazón. Porque solo así se puede crear un disco que cuenta con todos los ingredientes para llegar muy dentro de quien lo escucha. Se llama personalidad y poder de transmisión. Algo ten valorado como difícil de conseguir.
Carmona volvió a las tablas del teatro Isabel la Católica para presentar "Sueño de locura", su último trabajo discográfico. Cuidado al extremo, desde las colaboraciones hasta la puesta en escena, han sido básicas para que lo que se lleve quien tuvo ocasión de escucharlo, fuese un trocito de su visión del flamenco.
Bulerias, tarantas, soleá, Alegrías, fandangos de Huelva, canción por soleá, bulerias y tientos tangos.
No fue todo lo que hubo porque la escala del mixolidio, desconocida para la gran mayoría, tomó protagonismo en un toque que por momentos se apoyaba en la dominante de la taranta, o bien se armonizaba y alejaba de la cadencia propia de Levante.
Las colaboraciones con las que contó no sólo sumaron puntos en el argumento del concierto sino que fueron el acompañamiento justo para no quitarle protagonismo a Carmona y sí redondear un concierto exquisito. Carmen Molina fue quien estuvo a su lado en las alegrías, fandango de Huelva, soleá y tientos-tangos. José Enrique Morente, breve y personal se acordó de su padre por fandangos y la mayor de la saga, Estrella, también formó parte del recital con una personalidad envidiable.
La colaboración especial de La Moneta, en las bulerias de inicio y en los tangos finales fueron el colofón a un recital que bien merece estar en grandes formatos como el festival de la guitarra de Córdoba, la Bienal de Sevilla o el festival de Jerez.
Para acabar con el "cuadro", el soniquete soberbio de Los Mellis y José Cortés El Indio, fueron las gotas que colmaron un vaso lleno de flamencura.
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sábado, 3 de junio de 2017
jueves, 30 de marzo de 2017
Antonio Reyes y Rocío Márquez. Teatro Alhambra. 27.3.2017
Antonio Reyes y Rocío
Márquez son, hoy por hoy, dos de los grandes puntales del flamenco
actual. Ambos han labrado su carrera a base de esfuerzo y
profesionalidad. Ambos se han mantenido en una estética del cante
que no se aleja en ningún momento del concepto de tradición. Y es
por eso, que llenan los teatros donde van. Podrán gustar más o
menos, de colores está la paleta llena, pero no se les puede negar
su reputación ni su sitio.
Enmarcado en el más
estricto clasicismo, sus repertorios en la noche del lunes en el
teatro Alhambra, dentro del ciclo 'Flamenco viene del sur' se
centraron en abordar los cantes de nuestros ancestros, de los
maestros y referentes de lo jondo, pese a quien pese. Incluso Pepe
Marchena podía ser hiriente en algunos cantes. Tal fue su valía que
hasta el propio Manuel Agujetas, cuando el sevillano iba a Jerez, era
el primero en ir a verlo y en valorar su potencial. Que se lo digan a
su compadre, El Platero. Menciono a Marchena pues el repertorio de la
cantaora iba en esa línea. No así el programa de mano, que anunció
un repertorio que poco o nada tenía que ver con la realidad, y si es
un neófito que fue a verlo, le darían gato por liebre o petenera
por serrana o fandango.
En el repertorio de Rocío
además de lo mencionado, hubo espacio para la granaina y la milonga
bien hilvanadas entre ambas. Serranas rematadas por fandangos del
Albaicín, Por levante entonó la Elegía a Ramón Sijé, en claro
homenaje a Morente y a Miguel Hernández en el 75 aniversario de su
muerte. Retomó la memoria de Marchena en el Romance a Córdoba para
seguir por bulerías y cerrar por caracoles. Con una voz
caramelizada, dulce al extremo, le faltó arriesgar y dar profundidad
en algunos cantes, aunque bien es verdad que el repertorio que eligió
no le dio mucha tregua.
Con Antonio Reyes pasó
similar. De base, el programa no acertó en los cantes, o bien los
cambió en el último momento. En su argumento cantaor, pregón del
uvero, seguiriyas (donde se apretó el cinturón y echó las
'asauras') soleá, cantiñas, tangos y para rematar, invitación al
escenario a Rocío para entablar un diálogo por fandangos: Caracol y
Calzá para Antonio, Carborenillo para la onubense.
Quién pasó fatigas fue
el moronense Dani Méndez, que tuvo que tocar la soleá con la
cejilla al nueve al igual que los fandangos. Pecata minuta
para un todo-terreno y uno de los mejores y más vanguardistas
tocaores del flamenco actual.
En el resto de ambos
recitales, el compás de Los Mellis, a modo de claquetas de Pro
tools cumplieron como maquinaria perfecta su rol.
viernes, 10 de marzo de 2017
ANTONIO CAMPOS. Teatro Alhambra. 6 marzo 2017
De conciertazo se puede
catalogar el recital de Antonio Campos en el teatro Alhambra. Se
aunaron los planetas, las estrellas y hasta los duendes se atrevieron
a aparecer. Algo que no sucedía hace mucho tiempo. No es exageración
si digo que probablemente sea uno de los mejores recitales que le he
escuchado a un cantaor en los últimos tiempos. A pesar de la
ausencia por enfermedad de Pepe Habichuela, el cambio no disipó la
calidad de la hegemonía flamenca que se pudo escuchar en el
escenario. Cuando las fuerzas se juntan, y aparecen intrínsecas la
ganas de formar el taco, de liarla, de plantarse y rebelarse es
cuando todo funciona y podemos hablar de cuasi genialidad. Porque,
sin temor a errar, ni faltó ni sobró nada esa noche. Hubo quien
comentó a la salida que no cantó por los 'palos' fuertes, haciendo
mención a las malagueñas o las seguiriyas, pero ¿acaso hacía
falta? ¿Acaso no hizo grande todo lo que cantó Antonio? Fue José
Carlos de Luna quien en su libro 'De cante grande y chico' sectarizó
y relegó a la segunda división a algunos cantes más superfluos,
según él. Menos mal que el tiempo le quitó la razón y hubo otros
que sentenciaron que el cante lo hacen grande o chico los cantaores.
Ahí queda eso.
Si analizamos la grandeza
con la que Antonio se deshizo en todo cuanto cantó y Dani de Morón
junto a Miguel Ángel Cortés en todo cuanto tocaron, toda la noche
escuchamos seguiriyas de lo más puro, 'palabro' poco acertado en el
flamenco aunque utilizado por un sector ciertamente ortodoxo.
De principio a fin el
acierto en la elección de estilos fue la nota predominante. Cum
Laude si hablamos de notas.
Campos
se atrevió a elegir un repertorio nada usual, ajeno a los circuitos
y al uso predominante de la mayoría de artistas. De este modo,
arrancó con alboreá. Que no es común escucharla en los directos es
una realidad, pero se suele hacer como remate de algunas bulerías
por soléa o incluso dentro del repertorio melódico de éstas y de
las bulerías romanceadas. Antonio prefirió bordar la actuación
desarrollándolas sin añadidos. Continuó por cantiñas y alegrías.
A pesar de venir de Jerez de actuar la noche anterior y haber acusado
el esfuerzo en sus cuerdas vocales, apenas fue perceptible el lastre
de tal esfuerzo. No en vano, supo dosificar su potente voz trabajando
los bajos cuando el cante se lo permitía. La milonga fue un ejemplo
de tal extremo, a caballo entre Chacón y Morente.
La
granaína fue corta, breve, hablada y finalmente explosiva. Toda una
declaración de intenciones.
Los
cuatro cantes ya descritos fueron acompañados por la inmensa
guitarra de Dani de Morón, cuyo protagonismo estuvo presente toda la
noche. Campos supo dar su sitio al genial tocaor sevillano, a quien
admira como profesional y como persona. Antonio dixit.
El
cambio en la sonanta vino a continuación cuando la guitarra del
granaino Miguel Ángel Cortés le acompañó por mineras y levantica.
Sorprendió ver la evolución infinita en las manos del hijo de
Miguelones.
Fue
breve su aparición pues volvió Dani para acompañar el romance de
'la monja contra su voluntad' que debemos gracias al tesón de Luís
Suárez Ávila que consiguió grabar la voz del Negro del Puerto. El
paso natural en el cante se tradujo en la petenera en versión de La
Niña de los Peines.
A partir de este momento,
el elenco al completo mantuvieron la musicalidad del resto del
recital. Los Mellis, por un lado, reyes del compás y coristas
imprescindibles; Dani junto a Miguel Ángel Cortés, que se
repartieron las falsetas a 'pachas'. Y Antonio más crecido conforme
pasaban los minutos.
Volvió a sorprender
Campos con marianas, otro cante poco usual en los directos de los
artistas que engarzó magistralmente con el recuerdo a Carmen Amaya
en la zambra 'Mi madre se llamó Tana' seguidos de tangos de la
tierra.
El siguiente cante se
desarrolló al compás de soleá pero principiando con bamberas, polo
de Tobalo, caña, soleá por bulerías y soleares lebrijanas.
Finalmente, hubo dos fin de fiesta, uno de ellos atípico del todo.
El primero, por bulerías con la complicidad de ambas guitarrras que
se regalaron falsetas la una a la otra. El segundo, por tonás
recordando a Morente, y dando paso al agitador flamenco y poeta Ortíz
Nuevo hablando de manera incorpórea con el maestro Morente divagando
sobre la muerte del cante flamenco. Una oda a la blasfemía jonda de
su desaparición. Sólo alguien como él se atreve dejar en evidencia
a Manuel Morao y a tantos otros que ven la muerte del flamenco.
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