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sábado, 15 de julio de 2017

La Catedral de Patricia Guerrero. Patio de los Aljibes. 13/7/2017.

No todas las catedrales están hechas de piedra. Existen catedrales inmateriales que aún perdiéndose en el tiempo, quedan en las retinas y en la memoria de quien, por fortuna, ha podido verlas bailar. Esta frase resume, en mi opinión, el 100% de una obra que aúna flamenco y música religiosa, con adobe de canto cuasi gregoriano. Cabría reseñar, y hay necesidad de hacerlo, en que consistió la Catedral de Patricia Guerrero. Pero háganse una idea. Las primeras tres líneas resumen con exactitud una obra de arte como el baile de la granadina.



Porque su baile es el mayor monumento que ha pasado por el otro monumento en este festival. Una catedral dentro de la Alhambra, ¿Habráse visto hecho semejante?- Y eso que no las tuvo todas consigo. La idea de presentar este espectáculo en el Patio de los Aljibes es una oda al mal gusto. A sabiendas de lo que íbamos a ver, ya que se ha presentado en otros festivales, como la Bienal de Flamenco de Sevilla, lo menos, por coherencia, por respeto, por afición, y por buen gusto, hubiese sido emplazar la Catedral al Palacio de Carlos V. ¡Qué paradójico!- Una catedral dentro de un palacio.

Y es que Patricia no necesitaba darle título a esta obra para demostrar que la catedral del baile, al menos en este conceptual argumento que se ha inventado, fue ella. Un espectáculo cuyo principio era ajeno a cualquier forma definitoria de flamenco. Incluso sus escurridizas manos, que fueron las que dirijieron esta escena, amén de ser muy flamencas, sirvieron para representar, una traslocación a otro mundo, a un mundo oscuro, negro en el que la opresión de la mujer por culpa de la religión, estuvo, está y estará presente por los siglos de los siglos.




En un ambiente casi tenebroso arranca el espectáculo en el que Guerrero establece una lucha contra sí misma, marcando el reflejo de lo que puede ser una cruzada en contra de los abusos, de un sistema que ha pretendido vilipendiar la imagen y el rol femenino en una sociedad siempre injusta, siempre asumiendo un mandato eclesiástico como axioma y ejercicio de poder. 

La búsqueda de la libertad a través del baile, aún acompañando un programa de mano, que facilita las cosas, se manifestó en la seguiriya. Lo difícil que es hacer lo difícil, fácil. Y qué manera más abrumadora de conseguirlo. Pues se consiguió. La tragedia y la esperanza de toda la obra se resumió en esta pieza que, con la guitarra de Juan Requena, que dirigió el guión musical junto a la voz profunda de José Ángel Carmona, pecó (siempre para bien) de elegante e intelectual. Hubo pasajes del cuerpo de baile en las figuras de Mónica Iglesias, Maise Márquez y Ana Graz que refinaron  de manera fastuosa las transiciones,  en las que el vestuario brilló por su personalidad. 


Aunque sin duda, y mejorando lo presente lo mejor fue la percusión y la forma de tratar el concepto percutivo, ya fuere con sonidos de campana, de panderos o de timbal y cajón. No recuerdo un espectáculo en el que la percusión haya sido tan importante y se haya tratado con tanta elegancia y, sobre todo, con la importancia que ha tenido para esta Catedral el sonido y la magia de Agustín Diassera y de David 'Chupete'.



 La cuerda musical en forma de cánticos de la que tiraban Diego Pérez (tenor) y Daniel Pérez (contratenor) nos trasladaban al universo jondo de los sones gregorianos, aquellos de los que se decía que Enrique El Mellizo escuchaba en la catedral de Cádiz y a partir de la cuál pudo crear o añadir a su malagueña. 

El recorrido final fue una representación y vindicación de la figura femenina y su tratamiento, sobre todo con un marcado carácter religioso, por parte de la iglesia. Puede parecer, que Patricia ha lanzado un órdago a esta empresa para decirle: ¡Basta ya! Culpables sois de lo que somos o hemos sido hasta ahora. Y si esto lo baila ella cuya evolución se multiplica por semanas, me queda claro que en Granada tenemos a uno de los grandes baluartes y máximos exponentes de la danza flamenca del siglo XXI.

Fotografías: Festival de Música y Danza. ©José Albornoz 2017. 


lunes, 25 de noviembre de 2013

LATIDOS DEL AGUA. RESUMEN FOTOGRÁFICO

No es algo que solamos hacer en este blog, pero les dejamos un breve resumen visual del espectáculo de Patricia Guerrero 'Latidos del agua'.












domingo, 24 de noviembre de 2013

LATIDOS DEL AGUA. CIA PATRICIA GUERRERO

'Latidos del agua' es la metáfora de la vida que riega al Albaicín y los rincones de la Alhambra, la sangre que alimenta un barrio, la música que circula por las venas de Granada. 
Patricia Guerrero se ha atrevido a volar en solitario con una ópera prima milimétricamente estudiada, sentida y abordada desde la más pura esencia albaiciniera. A su corta edad ya puede presumir no sólo de los grandes premios en su carrera sino de ser capaz de dirigir un guión escénico y coreográfico muy interesante. 

Para ello tomó prestadas las creaciones de Ángel Barrios, de su vida de juventud en la taberna del Polinario, de su afición a la música y de su admiración por Granada. 
El guión de este espectáculo aborda de un lado, el clasicismo musical del compositor granadino en el que Patricia ha fundamentado una idea personal en torno al sentimiento de bailar algo nuevo para ella. Por otro el centralismo flamenco dirige su función vital y corporal. 
Dos partes bien diferenciadas, inconexas entre sí, pero con ambientes similares, fue la tónica general.  Tras atreverse a cantar la protagonista, algo desconocido para  los aficioandos, el Trío Albéniz (Jose Luís Recuerda-bandurria, Ismael Ramos-laud y Jose Armillas-guitarra) desgranó diferentes piezas de Barrios. 'Danza árabe', 'Albaicinera' o 'El Zacatín' fueron coreografiadas por la bailaora de aspecto árabe en sus ropajes y danzas. Alejandro Cruz Benavides al piano, por bulerías, con trémolos balsámicos en sus manos, dirigió notas al aire que dulcificó la figura de Guerrero en tanto que ésta se perdía entre las notas. Hasta aquí una primera parte bien estructurada de corte clásico. Pero la falta de conexión con lo flamenco fue notorio. A pesar de la intención y de que el agua corría sin cesar en la fuente trasera, puesta a tal efecto, la partición adoleció de un enlace argumental claro. 

Lo flamenco, por otro lado, no tuvo fisuras. Es un terreno donde la granadina se crece, al igual que sus músicos, ya fueren Luís Mariano a la guitarra, El Galli que a pesar de su voz rozada capeó el temporal o las pulcras manos de Miguel Cheyenne que tanto con el pandero como con el cajón adornaron la composición musical del grupo. Echamos de menos el baile de Patricia por tangos de Graná, que se quedaron en cante. En contraposición el regalo vino en la seguiriya dramática al baile acompañada, amén de la guitarra, del hilo musical de agua de la fuente. En su haber lineas rectas, sobriedad nítida en cada braceo y pulcritud corporal. El piano por guajiras y la voz del Galli fueron la ida y vuelta del espectáculo. Sin embargo, en las bulerías fue donde me sorprendió. Alejada del aire festero propio de este cante, en el baile supo contenerse y darse de forma precisa, sin abusar de la 'burleria' pero tejiendo un repertorio sensual sublime. 

Para acabar con el cuadro, la voz melismática de Arcángel, con el que lleva trabajando un par de años ayudó a redondear el 'totum' escénico. Puede que restara protagonismo, por ser un cantaor del nivel que es, pero no así, ella se 'enfrentó' a su cante en forma de zambra y de peteneras con bata de cola. 
Y en llegando al fin de fiesta, Ángel Barrios se despidió sonando Daphnis el Cloé y custodiado por el latido del agua.  






La Cachucha. Primeras noticias.

  El Conciso, 13 de enero de 1813 El Conciso, 20 de enero de 1813 El redactor general, 20 de enero de 1813. El redactor general, 7 de febrer...