sábado, 3 de junio de 2017

Sonetos y poemas para la libertad. Miguel Poveda. Granada,2/6/2017.

Cuando el desconocido que tienes a tu lado, en una butaca, te transmite el nerviosismo, la tensión y las ganas de que empiece el concierto, es que algo grande va a ocurrir. Cuando esa sensación se palpa en un Palacio de Congresos prácticamente lleno y con ansias de escuchar copla y cante es que todo puede pasar. Y pasa.
Nadie duda del poder mediático de Miguel Poveda, de su trascendencia musical más allá de los límites del cante flamenco, y de su poder de convocatoria para el abanico más amplio que se pueda abrir y en el que confluyen desde jóvenes de 15 años hasta aficionados de la tarde tercera edad.
Pocos consiguen acto de tal relevancia.
Ciertamente, Miguel viene del mundo del flamenco; un mundo cerrado, extremista en las formas ortodoxas del cante, que no permite que se entre y se salga de él con la naturalidad de quién es capaz de hacer una seguiriya y, tras ésta, cantar a Rafael Alberti y vindicar a García Lorca o Miguel Hernández adentrándose en la copla.
Si algo mantiene viva la música es su evolución. Y un espectáculo como el de "Sonetos y poemas para la libertad", resume un universo musical con entidad definida y que mantiene viva la llama de nuestras raíces.
Otra cosa le podrán criticar a Poveda, pero cuando canta copla, te abraza con su voz.
Introdujo a Lorca con "El poeta pide a su amor que le escriba", para adentrarse en aquellas coplas que el granadino recogió en su romancero: anda jaleo, los peregrinitos y los 4 muleros. Nos adelantó un par de composiciones que formarán parte de su nuevo trabajo discográfico que engarzó  rescatando a Alberti con "Guerra a la guerra por la guerra". De Miguel Hernández, "Para la libertad", toda una declaración de intenciones políticas, sociales y flamencas.
Con el público en el bolsillo, Miguel cambió de tercio y lo más flamenco apareció en escena.
Abrió la veda Jesús Guerrero por bulerías. Impresionante. Siguió el badalonés por malagueña y rondeña que cerró recordando a Morente por Huelva, alegrias y bulerías en homenaje a Lole y Manuel. La generosidad del cantaor le llevó a invitar a cantar con él a Alfredo Tejada. Entre ambos, terciaron una soleá apolá recordando a Charamusco. Flamenquísima.
Tras esto, tientos y tangos recorriendo Cádiz, Granada y Triana con su ya personal baile picarón hicieron que el anfiteatro se viviera arriba. ¡¡Increíble!! ¡¡Eres el más grande!!! ¡¡No lo hay mejor!!! Gritaba el señor que tuve delante, con los brazos hacia arriba de manera muy enérgica.
Un penúltimo cambio de tercio nos devolvió al Miguel de sus inicios en la copla, recordando "la radio de mi madre", y entregándose de nuevo a la copla, a Quintero, Quiroga, León, Valerio y Solano, a Ochaita. A su infancia.
Retornó finalmente al flamenco con "la leyenda del tiempo" y un bis por bulerias". Dejamos para el final la inmensa, titánica y oceánica labor de quienes, junto a Miguel, consiguieron atrapar al público de un modo especial. Joan Albert Amargós, sus manos desnudas frente a la dentadura musical del piano de cola fueron imprescindibles para que el trinomio Poveda-Copla-Amargós se convirtieran en un nuevo referente de la copla del siglo XXI.
El compás de Antonio Coronel y Paquito González, fueron la claqueta perfecta junto a las palmas y los coros de Carlos Grilo, Dani Bonilla y Londro.
De lo que no cabe duda y nadie puede negar es que Miguel Poveda es el único artista capaz de llenar auditorios de gran capacidad para cantar flamenco y/o copla, y en los tiempos que corren, no hay artista que  consiga lo que él. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

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