jueves, 7 de marzo de 2019

Manuel Valencia y Jesús Méndez. Teatro Alhambra. 4-3-2019.

Va a resultar cierto eso de que el flamenco es de minorías. Un ciclo como Flamenco viene del Sur, consolidado desde hace años en Granada, no ha acabado de arrancar en esta edición. En un teatro (Alhambra) con algo más de trescientas butacas y una programación de alto nivel preocupa que no se llenen espectáculos como el del pasado lunes de Jesús Méndez y Manuel Valencia. Dos artistas consagrados, ambos con antecedentes flamencos y con sólida trayectoria. Algo mas de media entrada para un recital de cante y toque clásico, dotado de una ortodoxia propia del repertorio de hace décadas pero actualizado a los oidos y oidores (vease aficionados) de ahora.
La noche se dividió en dos partes: recital de guitarra y recital de cante.
Comenzó sin embargo una pincelada de cante con Jesús, junto a Manuel Valencia, con el compás de Carlos Grilo y Diego Montoya, Bulerías por soleá nos dijo, aunque bien pudieran ser lo contrario máxime cuando acometió un par de cantes por soleá y otros dos de bulería por soleá de La Moreno y del Sordo la Luz.


Tras éste, cedió el testigo a la guitarra que optó por ejecutar rondeñas, zapateado, minera-fandango y bulerías. En sus manos aparecen tatuadas las formas de Ramón Montoya en la rondeña, (con sexta en RE),creador del toque actual de este estilo en la sonanta; el zapateado es un equilibrio perfecto, con transiciones en las que la rítmica va y viene, aparece y desaparece con un sentido ajustado a este tipo de composiciones. Y sin embargo, también se detecta un aroma a bulería que parece querer asomar la cabeza. La minera-fandango, creación personal, rezuma el compás de 3/4 desde su inicio y nos transporta a Huelva sin aparecer en los acordes la secuencia propia de este estilo. Por bulerías, de recibo acordarse de su tierra, de su barrio y de la historia del toque de Jerez.


Jesús Méndez volvió a las tablas por tonás y romance, por alegrías, por tarantas con ecos chocolateros y de Manuel Torre. Por seguiriyas se centró en Jerez. Se codeó con Frijones, un estilo casi desaparecido que Jesús sabiamente se ha empeñado en recuperar,; tomó un palo cortado con Tío José de Paula y con Marrurro, para cerrar acordándose del Loco Mateo.
Jesús recoge en su eco la historía comprimida del cante de La Plazuela y de Santiago, del Gloria, del Torta, de Luís de la Pica hasta llegar a sí mismo, como se pudo escuchar en las bulerías.

El compás preciso de Grilo y Montoya es siempre una arma de protección para estos cantes aunque en los genes estén escritos los compases de amalgama.
Hubo tiempo para un par de bis, el primero de ellos por fandangos, en recuerdo a Chocolate y Pepe Pinto y el segundo por bulerías con pataíta incluida de Diego Montoya.

Imágenes cedidas por nuestro amigos Carlos (www.Extampas flamencas.com)

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