martes, 13 de marzo de 2018

Alba Molina canta a Lole y Manuel. Teatro Alhambra. 12/03/2018

Venía emocionada. No sólo por el reciente fallecimiento de su abuela 'La negra' sino porque asumir la responsabilidad de cantar a Lole y Manuel no es tarea fácil. Que los haya escuchado desde la cuna no es óbice para interpretar con maestría un repertorio cuanto menos distinto, a la par que difícil y solemne. Los cantes del tándem Lole-Manuel han sido el santo y seña de toda una generación, aquella que desde los '70 del siglo pasado y recién comenzada la democracia lo empezaban a ver todo de color. Sus discos fueron y son la banda sonora de toda una vida, toda una generación y revolución del cante ortodoxo que de manera más expansiva empezaba a creer que los límites del flamenco no estaban acotados por el clasicismo imperante de décadas atrás. 
Alba Molina se acompañó de la guitarra de Joselito Acedo que mimetizó el toque de Manuel con una elevada dosis de modernismo. 

                                                  (Fotografía cedida por Joss Rodríguez)



Un recital que supuso un rescate de todos los grandes éxitos de sus progenitores, una elegía al buen gusto aunque salvo excepción contada, la bulería lenta fuera el motivo musical de todas las letras que se interpretaron. Todo empezó con 'Díme' pasando por Recuerdo escolar, Romero verde, Almutamid, Rio de mi Sevilla, Todo es de color, Balcón, Nuevo día, Para mí, Desde Córdoba a Sevilla, Cabalgando, Tu mira, La pena negra y finalmente la nana 'Un cuento para mi niño' (La mariposa) que resonaba en las entrañas infantiles de Alba cuando su padre la compuso. 
Un repertorio amplio, con un número ingente de cantes que aún siendo tantos no resultaron pesados pues la expresividad impresa en cada uno de ellos se acompañaba de un margen temporal breve. Como si quisiera dejarnos la miel en los labios con cada letra. 

                                                   (Fotografía cedida por Joss Rodríguez)


Ella es personal aunque es inconfundible el sello Molina-Montoya en las formas y en el metal de voz. 
Visiblemente sensible, llegó a soltar lágrimas tras una bulería al igual que se emocionó recordando a su abuela y al pequeño Gabriel recientemente fallecido. 
Por otro lado, la guitarra de Acedo fue precisa en el trasvase de la musicalidad de antaño a la que se escucha ahora. Porque aún ejecutando la bulería con la velocidad propia de estos tiempos, afloró el son pastueño de las manos de Manuel Molina en cada acorde. Incluso introduciendo falsetas de Diego del Morao, de Parrilla, de Moraito o de Niño Jero todo sonaba a Manuel. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario