viernes, 20 de noviembre de 2015

ALFREDO TEJADA. 'DIRECTO'. Teatro Alhambra. 17/11/2015

Años hacía que un artista flamenco granadino no llenaba al completo el teatro Alhambra. Y lleno en todos los sentidos. Estoy convencido de que Alfredo Tejada no tuvo que regalar entradas para llenar este local de aficionados y amigos con ganas de cante por derecho. Lo que sí regaló fue un derroche de flamenquería soberbio. Y no sólo por su conocimiento, ni por su capacidad de encarar los cantes con una personalidad aberrante y rica en matices, de las que se echa de menos en pleno siglo XXI. Cantaores/as, guitarrístas, bailaor@s, aficionad@s, peñistas, luthiers y amigos rellenaron las apenas 280 butacas del Alhambra para llevarse a casa una velada repleta de cante-cante. 
A un cantaor se le exige mucho, y es su obligación darlo todo; en eso consta el cante. Si no, retirada. 
Tejada se encuentra en esa edad en la que la voz está madura, hecha, redonda. Decía el guitarrísta Justo de Badajoz (Hijo de Manolo de Badajoz) que la voz de un cantaor está madura a partir de los 40 años. En Alfredo seguramente antes, pero es ahora cuando la unión del saber y la experiencia forman un tándem perfecto que deriva en un cantaor completo. 
Aunque la duración del acto se acercó a las dos horas, es gratificante cuando apenas te das cuenta porque manda el ensimismamiento de lo jondo sobre todo lo demás. 
El inicio, preceptivo en situaciones así, (atentado de París) comenzó con un minuto de silencio por las muertes en la Sala Bataclan. Tras el inciso, por malagueñas principió Alfredo. Cualquiera diría que se ha acordado de las malagueñas del 'Loli'; pero no. Y aunque el tempo fue similar, el Mellizo afloró cambiando el tercio y alejándose años luz de la versión jerezana, para rematar en los modos de Pérez de Guzmán.



A lo largo de la noche, la tónica fue similar. Tejada jugaba con los tiempos en los tercios, en los remates, en los ayeos. Y no es fácil. Se puede incurrir en el error fatal de alargar sin una finalidad ajustada ni argumentada que haga que se pierda en la calidad y se desvirtúe el cante. No es fácil tirar atrás del cante sin caer en el efectismo. Alfredo se supo situar en el punto que une jondura y personalidad.
Los tientos, con detalles sonoros de Paco de Lucía en las manos de Patrocinio hijo rescataron formas de Manuel Torre, del Mellizo o de Chacón; repertorio clásico tanto en las formas como en la literatura hecha quejío. Fue en la soleá donde empezó a sentirse pleno. Abre la boca y el recuerdo a Caracol y al Pele asoman antes de la primera letra. De seguido, se acuerda del Lebrijano y su tierra, de sus formas cantaoras, pero eso sí, haciendo propio el cante. Prima la personalidad versus mimetismo. Qué fácil y qué difícil a la vez. Tanto es así, que hasta metió una letra propia de tonás por soleá (Por cumplir con Dios y con el mundo/yo no te hablo cuando te encuentro/).
La alegría, las alegrías las trajo La Lupi. Porque no se puede bailar con más gracia que ella. Técnicamente brillante, sobresalen en su figura unas formas personales inigualables. No parece mantener la estructura propia del baile y, sin embargo, es fiel a sí misma y a los cánones más fidedignos. Bulerías gaditanas que retornan a las alegrías y cantiñas de Alfredo, que dan rienda suelta a la malagueña.
Alfredo púsose serio para encarar la malagueña del Cojo de Malaga y la de Chacón. Fandango de Lucena y Juan Breva, acto seguido y seguiriya. El mejor Alfredo lo encontramos aquí. Expuso hasta el límite, paseándose por la cuerda floja del cante, apurando y yendo hasta el extremo. Y es que si no es así, mejor que no se haga. Arriesgar es apuesta ganadora y Tejada se llevó el bote. Sin duda.
Repetitivo nos pareció la bulería por soleá, tras haber escuchado ya la soleá y el juguetillo de las bulerías en el baile de La Lupi. Prescindible. Sin embargo, agradecida. Su particular fin de fiesta fue en forma de cuplé; la archiconocida letra que popularizara Antonio Machín y Fernanda de Utrera acercaría a 'lo flamenco' Alfredo la adornó con giros personales, como así hizo toda la noche. Evocación también a la más grande, Rocío Jurado y pataitas por bulerías de Cheyenne, El Moreno y José Cortés El Indio.
Tres palmeros y percusionistas con un gusto exquisito en el acompañamiento a compás. La guitarra de Patrocinio hijo, moderna y antigua a la par acabaron de dibujar un recital cargado de pinceladas que bien merece estar expuesto en las mejores galerías del flamenco. Sin olvidar la magistralidad de Curro de María en su intervención.

 Alfredo Tejada por soleá:

2 comentarios:

  1. Mi querido Antonio: estoy totalmente de acuerdo contigo y todo a pesar de los reiterados fallos en el sonido con acoples continuos y excesivo volumen de la guitarra.

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