viernes, 28 de febrero de 2020

¿Por qué Frasquito Yerbabuena?

Granada y su tradición jonda es parte intrínseca e indisoluble universo del flamenco. Han sido muchos los artistas que han consolidado la imagen de una ciudad que ha sido flamenca desde que existe esta música y por tanto, se ha consolidado como uno de los ejes más importantes del mismo, sin desmerecer otras geografías flamencas de importancia capital. Sin embargo, de alguna manera, una parte de Andalucía ha intentado que no se visibilice la originalidad y la enjundia de la otra. Por envidia o por caridad, pero ha sucedido y sigue sucediendo. 

En cualquier caso, Granada nunca se ha comparado con nadie ni ha necesitado erigirse como capitana de un barco en el que todos sus tripulantes han sido capitanes por méritos propios del flamenco, sin la necesidad de venderse ni de vender sus propias mentiras como han hecho otros núcleos flamencos.

Resulta paradójico que a lo largo del siglo XX uno de los personajes más representativos del cante en Granada no llegase a ser profesional nunca. Sin embargo, su nombre es conocido por propios y extraños como un ilustre. No ya por su personalidad y fama en lo social y cultural de su ciudad, sino como cantaor no profesional. No es aventurado afirmar que en el siglo XX ha habido dos grandes personajes en el ámbito jondo de la ciudad nazarí: Frasquito Yerbabuena (en la primera mitad del siglo XX) y Enrique Morente (en la segunda). 

Hoy les quiero acercar un poco más a este granadino, industrial y comerciante del pescado, aficionado, artista cabal de reuniones, comercial de vinos La Riva, alcalde de La Romanilla y conocedor de los cantes autóctonos. 

Francisco de Paula de la Santísima Trinidad Gálvez Gómez, 'Frasquito Yerbabuena' nació a las 11 de la mañana del día 3 de marzo de 1884. Hasta ahora todos los libros, textos y alusiones a su nacimiento lo situaban en 1883 siguiendo las afirmaciones de Eduardo Molina Fajardo. Pues bien, nació un año después; concretamente en la calle San Diego nº11, del barrio de Las Angustias. 

Hoy me quiero centrar en dar a conocer el porqué de su remoquete artístico. 
Una era la teoría hasta ahora mantenida sobre el origen del apelativo 'Yerbabuena'. Pero al parecer hay más de una que hoy quiero mostrarles. 
Aquí se las dejo.

Frasquito se aficionó siendo muy niño. Su padre Eduardo solía alternar en las fiestas flamencas de la ciudad, acudiendo a las tabernas en las que se reunían los cantaores y aficionados para beber vino y cantar. Era algo común el reunir a varios aficionados en casa de Eduardo y pasar las noches escuchando los cantes de Granada. Una de esa noches, siendo aún Frasquito un niño, Eduardo invitó a un cantaor a su casa y aquí nace la anécdota del porqué de su apelativo 'Yerbabuena': 
La primera de las versiones es quizás la más extendida y viene a decir que de niño aprendió un fandango de Lucena con esta letra: 
En la corriente de agua,
la yerbabuena se cría, 
si me has de olvidar mañana,
¿a qué vienes en busca mía?

Tras haberla aprendido, en una ocasión y con motivo de una fiesta en su casa, le dijeron al niño que cantase y lo hizo con esta letra. Todos los presentes quedaron atónitos al escuchar aquel niño con una voz tan prodigiosa y con unas maneras de ejecutar el cante tan maduras. 
El periodista y cronista granadino Cirre  narra como fue aquella situación:

La granaina nació de una familia que le dio forma poética y voz a mediados del siglo XIX. Fue en principio don Eduardo Gálvez Fernández el que comenzó a rebuscar algo que poco a poco adquirió luminosidad y verbo rico de cante. Era la 'granaina' que cantó también su hermana Francisca y que llegaba como aluvión de vigorosa potencia, de las montañas de Granada, como la que África, aquella genial cantaora de La Peza, glorificó en un sevillano café: 

Soy de La Peza, pezeña
de los montes, montesina
y para servir a ustedes
soy de Graná, granaina

Fue viento de cantar de una familia granadina de la Pescadería, pero el éxito, con ser amplio el cosechado en tiempos de don Eduardo Gálvez Fernández, no lo fue en su cenit, hasta que su hijo Francisco se reveló en una fiesta familiar. Don Eduardo había traído un cantaor para que lo escuchara cantar un fandanguillo de Málaga. La letra que cantó el invitado fue: 
A la corriente del agua
La yerbabuena se cría
Si me has de orvidar mañana
a qué vienes en busca mía
a la corriente del agua

Pero Francisco repitió la letra y dejó 'chico' al invitado, que se fue un poco herido al comprobar aquel torrente de voz maravillosa. El suceso se hizo popular entre los amigos de la familia y desde entonces a Francisco se le denominó 'Yerbabuena' en gracia a que su cante era como los prados, esmeraldas que cortan los ríos engastándolos en las perlas de su corriente. Se había consagrado; pero sin ambiciones, de una forma íntima y familiar, porque para desdicha de la granaina glorificada y popularizada en el mundo entero, por él, renunciaba a sincronizar lo que hoy constituye una escuela de cante que pasa sin tener continuadores. 




Sin embargo, hay otra versión que nos parece bastante sólida e incluso pudiera casar (siendo realmente el precedente de la citada) con la anterior en la que el protagonista del remoquete estuviese presente. Se le atribuye a Mariano Morcillo 'el mago de los muñecos' a quien Frasquito, de pequeño iba a oír cantar. Don Mariano cantó la letra por fandangos de Lucena expuesta y a partir de ahí la cantaba el niño (y posiblemente sucedería a posteriori la anécdota anterior). Mariano tenía una voz suelta en todos los estilos; los dominaba a la perfección. Tocaba la guitarra a nivel de un profesional y su especialidad fueron las malagueñas teniendo un extensísimo conocimiento de todos los estilos que se practicaban en aquellos años. 

Una tercera versión asegura que la primera vez que la cantó fue en 1903, en el café del León y fue en forma de malagueña. Este café estaba en el callejón sin salida de la calle Sierpe Baja. Colindaba con los baños del mismo nombre, en lo que antes se llamó Mesón de la Sierpe. El complejo en sí, además de como restaurante, también funcionaba como recinto con baños de agua fría y caliente con una gran alberca. Más tarde, en 1898 abrió en su interior una academia de billar atendido por señoritas. Durante varias temporadas la familia Cuéllar llevó la gestión del mismo pasándose a llamar Café de Cuéllar. Décadas después se llamó restaurante Los Pinetes y se reunían los flamencos a beber vino. Pepe Albaicín fue uno de los asiduos. 





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