jueves, 30 de marzo de 2017

Antonio Reyes y Rocío Márquez. Teatro Alhambra. 27.3.2017

Antonio Reyes y Rocío Márquez son, hoy por hoy, dos de los grandes puntales del flamenco actual. Ambos han labrado su carrera a base de esfuerzo y profesionalidad. Ambos se han mantenido en una estética del cante que no se aleja en ningún momento del concepto de tradición. Y es por eso, que llenan los teatros donde van. Podrán gustar más o menos, de colores está la paleta llena, pero no se les puede negar su reputación ni su sitio.


Enmarcado en el más estricto clasicismo, sus repertorios en la noche del lunes en el teatro Alhambra, dentro del ciclo 'Flamenco viene del sur' se centraron en abordar los cantes de nuestros ancestros, de los maestros y referentes de lo jondo, pese a quien pese. Incluso Pepe Marchena podía ser hiriente en algunos cantes. Tal fue su valía que hasta el propio Manuel Agujetas, cuando el sevillano iba a Jerez, era el primero en ir a verlo y en valorar su potencial. Que se lo digan a su compadre, El Platero. Menciono a Marchena pues el repertorio de la cantaora iba en esa línea. No así el programa de mano, que anunció un repertorio que poco o nada tenía que ver con la realidad, y si es un neófito que fue a verlo, le darían gato por liebre o petenera por serrana o fandango.



En el repertorio de Rocío además de lo mencionado, hubo espacio para la granaina y la milonga bien hilvanadas entre ambas. Serranas rematadas por fandangos del Albaicín, Por levante entonó la Elegía a Ramón Sijé, en claro homenaje a Morente y a Miguel Hernández en el 75 aniversario de su muerte. Retomó la memoria de Marchena en el Romance a Córdoba para seguir por bulerías y cerrar por caracoles. Con una voz caramelizada, dulce al extremo, le faltó arriesgar y dar profundidad en algunos cantes, aunque bien es verdad que el repertorio que eligió no le dio mucha tregua.
Con Antonio Reyes pasó similar. De base, el programa no acertó en los cantes, o bien los cambió en el último momento. En su argumento cantaor, pregón del uvero, seguiriyas (donde se apretó el cinturón y echó las 'asauras') soleá, cantiñas, tangos y para rematar, invitación al escenario a Rocío para entablar un diálogo por fandangos: Caracol y Calzá para Antonio, Carborenillo para la onubense.



Quién pasó fatigas fue el moronense Dani Méndez, que tuvo que tocar la soleá con la cejilla al nueve al igual que los fandangos. Pecata minuta para un todo-terreno y uno de los mejores y más vanguardistas tocaores del flamenco actual.

En el resto de ambos recitales, el compás de Los Mellis, a modo de claquetas de Pro tools cumplieron como maquinaria perfecta su rol.  

viernes, 24 de marzo de 2017

BARÓN, CAMPALLO, SELLÉS. TRÍO DE ASES. Teatro Alhambra. 20.3.2017

La semilla que sembrara Vicente Escudero sobre cómo bailar en masculino sigue dando frutos. Aquel decálogo que marcó un antes y un después en el baile flamenco ha recuperado en las figuras de Javier Barón, Rafael Campallo y Alberto Sellés toda su esencia.
Hace poco alguien me decía que estaba cansado de ver a bailaores bailar con el pecho descubierto, con bata de cola y con formas semejantes a la danza femenina. Los tiempos cambian pero no cabe duda que el eje vertebrador se mantiene. Las nuevas generaciones avanzan en la investigación y evolución de la danza flamenca y algunos de los elementos casi fundamentales del pasado desaparecen para innovar. No fue esta la intención que captamos en los tres artistas que estuvieron en el Alhambra el lunes. Dirigidos por el Premio Nacional de Baile Javier Barón, Alberto y Rafael se pusieron en sus manos para dar forma a una idea cuyo argumento se basó en el paso a tres. Son tres personalidades distintas que confluyeron en una idea común.

Algo muy preciado en el flamenco es adquirir una personalidad tal, que te haga distinto de cualquier otro. Un sello propio. Me aventuraría a hacer un experimento: ver bailar a estos artistas sin que podamos ver sus cabezas, para poder conocerlos por sus brazos, sus pies, su verticalidad. Son tan personales y tan diferentes entre sí que, incluso juntos y con mismas estructuras en las coreografías son tangencialmente opuestos haciendo exactamente lo mismo. Y no resultaría difícil identificar a cada uno.

En Alberto encontramos la fuerza de quien es joven y presume de arriesgar en el fondo y en la forma. En Rafael podemos apreciar la madurez de quién tiene un bagaje de largo recorrido y una expresividad en su braceo fuera de lo común. Sus pies no se quedan atrás y el conjunto es, hoy por hoy, uno de los grandes baluartes del baile sevillano.
Para Barón, la experiencia se une con la personalidad de quien ha recorrido el mundo dejando el pabellón del flamenco en lo más alto.

'Inmanencia' que así se llama el espectáculo, comienza con rondeña acercándose por momentos a la version de Ramón Montoya que deriva en bulerías. Una fugaz aparición de cada protagonista deja paso al más joven (Alberto) con taranto. Fue una pena que los micros del suelo apenas se escucharan pues ensombrecieron su labor y su ejecución de cara al público. Sonando tangos de Triana se escondieron entre cortinas Campallo y Barón en un juego cordial de pies hasta que aparecieron en el escenario en paso a dos. Tras un sólo de bulerías, la caña fue el primer paso a tres y la confluencia donde se conexionan tres formas de bailar y una sola de transmitir.

En solitario, Campallo brilló con luz propia en el escenario por seguiriyas. A la sobriedad de los focos se unió una impecable creatividad en cada movimiento, en cada mirada, en cada pose. Estoy seguro que solo alguien con una sensibilidad especial entre el público disfrutó de ese momento tanto como el bailaor. O más. Y no es para menos.
Algo parecido a la alegría de los tangos sucedió con las bulerías de Cádiz. Jarana y gracia salinera entre las 'pataitas' de los tres protagonistas jaleados por el resto de músicos.

Por tientos y dando descanso al baile apareció Javier Rivera.
Otro de los momentos fastuosos de la noche fue la farruca que, aunque corta en el tiempo, fue suficiente para volver a mostrar tres formas de entender el flamenco con una misma coreografía: lo difícil lo hicieron fácil. La hibridación de tres visiones se hicieron una.
Jeromo Segura dio el relevo a Javier con una milonga para engarzarla con soleá por bulerías y cantiñas al final de la noche. De nuevo y para terminar, un paso a tres, más modesto e individualista que los anteriores pero igual de vistoso.
Las guitarras de Manuel de la Luz y de Miguel Pérez junto a las palmas de Roberto Jaén y José Luís Pérez-Vera completaron un cuadro pintado por Vicente Escudero.








jueves, 23 de marzo de 2017

DON ANTONIO CHACÓN VISITA LA PLATERÍA

Fue en 1922 cuando D Antonio Chacón estuvo en Granada para presidir el Concurso de Cante Jondo de 1922. No fue su primera vez pues estuvo una temporada en la ciudad en la época de los cafés cantantes en el último tercio del siglo XIX. Ahora, en pleno siglo XXI nos visita de nuevo, esta vez en forma de libro-disco en el que se incluyen tres grabaciones inéditas hasta la fecha, de un total de 57 cantes. 
Quien dirige la obra es el coleccionista Carlos Martín Ballester. A la presentación acudirá uno de los autores del análisis musical de la discografía, el prestigioso investigador Ramón Soler. 
La presentación se llevará a cabo en la sede de la Peña La Platería, en el barrio del Albaicín, en la Plaza Toqueros, nº 1. 
La entrada es libre hasta completar aforo. Tras la presentación, habrá actuación de cante y toque por parte de Antonio Campos y el guitarrista Manuel Fernández.
La presentación correrá a cargo de Miguel Ángel Lorenzo y de Antonio Conde González-Carrascosa.




viernes, 17 de marzo de 2017

AL TRASLUZ. LUCÍA GUARNIDO. Teatro Alhambra. 13/3/2017


'Al trasluz' es una obra que juega de principio a fin con el efecto luminotécnico desde que aparece en escena Lucía Guarnido bailando una guajira. Durante la mayor parte del espectáculo la luz juega un papel principal en todo cuando alumbra. Desde los cenitales que dan intensidad a los cantes en solitario hasta la brillantez que se refleja en su bata de cola cuando baila granainas y termina con minera.
No cabe duda que existe una intención en ese uso. Sin embargo, abusar de lo oscuro puede no ser bueno si lo que se quiere mostrar es un buen baile como el de Lucía. Porque, aún al trasluz, la madurez artística rebosa en ella. El enriquecimiento escénico es bueno cuando acompaña al artista principal pero no debemos de olvidar que la transmisión depende del artista, no de los efectos paralelos. Aún así, si ese es el argumento colateral de esta nueva obra de la bailaora granaina, bienvenido sea.
Granada cuenta con artistas de primer nivel, en todas sus disciplinas. Será por eso, que algunos de ellos son los 'elegidos' por la mayoría para componer el cuadro musical que acompaña a l@s bailaor@s. Salvo excepciones, vemos que cuatro-cinco artistas se reparten el atrás de la mayoría de los espectáculos flamencos que solemos ver en Granada. Sergio 'El Colorao' y Alfredo Tejada en el cante, Luís Mariano, el 'omnipresnete Luís Mariano', y la percusión de El Moreno son bazas ganadoras en cualquier ring flamenco. Y Lucía lo sabe.
Así, comenzó con guajira, dulce como la melaza y roneante en su figura. Granainas con bata de cola blanca que dieron paso a la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández y a la minera
De la misma guisa se presentó por tangos, con recorrido desde Málaga hasta Triana parando en el Albaicín. Fue un punto de inflexión en el argumento de la velada. Contoneos continuos de cadera, dibujos corporales sinuosos y bellos de estampa. Recordó a las viejas gitanas trianeras en sus casas de vecinos con aquellos delantales que nunca quitaban de sus cinturas.
Fue generosa en el escenario pues acompañó la magistral interpretación de Ester Crisol tomando prestada las letras de 'La llorona' de Chavela Vargas. Finalizó por soleá que derivó a romances y bulerías de remate final.
Entre transiciones, Luís Mariano guió musicalmente al elenco junto a las voces de Tejada y El Colorao y la percusión del Moreno, que apostaron por cantes de trilla, alegrías y cantiñas y pregones (de los caramelos para Alfredo y del uvero para Sergio).












viernes, 10 de marzo de 2017

ANTONIO CAMPOS. Teatro Alhambra. 6 marzo 2017

De conciertazo se puede catalogar el recital de Antonio Campos en el teatro Alhambra. Se aunaron los planetas, las estrellas y hasta los duendes se atrevieron a aparecer. Algo que no sucedía hace mucho tiempo. No es exageración si digo que probablemente sea uno de los mejores recitales que le he escuchado a un cantaor en los últimos tiempos. A pesar de la ausencia por enfermedad de Pepe Habichuela, el cambio no disipó la calidad de la hegemonía flamenca que se pudo escuchar en el escenario. Cuando las fuerzas se juntan, y aparecen intrínsecas la ganas de formar el taco, de liarla, de plantarse y rebelarse es cuando todo funciona y podemos hablar de cuasi genialidad. Porque, sin temor a errar, ni faltó ni sobró nada esa noche. Hubo quien comentó a la salida que no cantó por los 'palos' fuertes, haciendo mención a las malagueñas o las seguiriyas, pero ¿acaso hacía falta? ¿Acaso no hizo grande todo lo que cantó Antonio? Fue José Carlos de Luna quien en su libro 'De cante grande y chico' sectarizó y relegó a la segunda división a algunos cantes más superfluos, según él. Menos mal que el tiempo le quitó la razón y hubo otros que sentenciaron que el cante lo hacen grande o chico los cantaores. Ahí queda eso.

Si analizamos la grandeza con la que Antonio se deshizo en todo cuanto cantó y Dani de Morón junto a Miguel Ángel Cortés en todo cuanto tocaron, toda la noche escuchamos seguiriyas de lo más puro, 'palabro' poco acertado en el flamenco aunque utilizado por un sector ciertamente ortodoxo.
De principio a fin el acierto en la elección de estilos fue la nota predominante. Cum Laude si hablamos de notas.
Campos se atrevió a elegir un repertorio nada usual, ajeno a los circuitos y al uso predominante de la mayoría de artistas. De este modo, arrancó con alboreá. Que no es común escucharla en los directos es una realidad, pero se suele hacer como remate de algunas bulerías por soléa o incluso dentro del repertorio melódico de éstas y de las bulerías romanceadas. Antonio prefirió bordar la actuación desarrollándolas sin añadidos. Continuó por cantiñas y alegrías. A pesar de venir de Jerez de actuar la noche anterior y haber acusado el esfuerzo en sus cuerdas vocales, apenas fue perceptible el lastre de tal esfuerzo. No en vano, supo dosificar su potente voz trabajando los bajos cuando el cante se lo permitía. La milonga fue un ejemplo de tal extremo, a caballo entre Chacón y Morente.
La granaína fue corta, breve, hablada y finalmente explosiva. Toda una declaración de intenciones.
Los cuatro cantes ya descritos fueron acompañados por la inmensa guitarra de Dani de Morón, cuyo protagonismo estuvo presente toda la noche. Campos supo dar su sitio al genial tocaor sevillano, a quien admira como profesional y como persona. Antonio dixit.
El cambio en la sonanta vino a continuación cuando la guitarra del granaino Miguel Ángel Cortés le acompañó por mineras y levantica. Sorprendió ver la evolución infinita en las manos del hijo de Miguelones.

Fue breve su aparición pues volvió Dani para acompañar el romance de 'la monja contra su voluntad' que debemos gracias al tesón de Luís Suárez Ávila que consiguió grabar la voz del Negro del Puerto. El paso natural en el cante se tradujo en la petenera en versión de La Niña de los Peines.
A partir de este momento, el elenco al completo mantuvieron la musicalidad del resto del recital. Los Mellis, por un lado, reyes del compás y coristas imprescindibles; Dani junto a Miguel Ángel Cortés, que se repartieron las falsetas a 'pachas'. Y Antonio más crecido conforme pasaban los minutos.
Volvió a sorprender Campos con marianas, otro cante poco usual en los directos de los artistas que engarzó magistralmente con el recuerdo a Carmen Amaya en la zambra 'Mi madre se llamó Tana' seguidos de tangos de la tierra.


El siguiente cante se desarrolló al compás de soleá pero principiando con bamberas, polo de Tobalo, caña, soleá por bulerías y soleares lebrijanas. Finalmente, hubo dos fin de fiesta, uno de ellos atípico del todo. El primero, por bulerías con la complicidad de ambas guitarrras que se regalaron falsetas la una a la otra. El segundo, por tonás recordando a Morente, y dando paso al agitador flamenco y poeta Ortíz Nuevo hablando de manera incorpórea con el maestro Morente divagando sobre la muerte del cante flamenco. Una oda a la blasfemía jonda de su desaparición. Sólo alguien como él se atreve dejar en evidencia a Manuel Morao y a tantos otros que ven la muerte del flamenco.  


miércoles, 22 de febrero de 2017

PACO CEPERO Y JUAN VILLAR. Ciclo 'Flamenco viene del sur 2017'.

Grata sorpresa la de escribir esta reseña sobre el último recital de Paco Cepero en Granada en el teatro Alhambra, como arranque del ciclo 'Flamenco viene del Sur' y enterarnos que le han otorgado la Medalla de Andalucía 2017 por su trayectoria. Nada menos que 60 años en primera línea del flamenco. De aquellos comienzos en su ciudad natal, con apenas catorce años, su marcha a Madrid, donde comienza una carrera fulgurante, no sólo como acompañante, sino como compositor, y su posterior posicionamiento como uno de los grandes referentes del toque del siglo XX y ya parte del XXI. Y es que el flamenco está de enhorabuena.

Se iniciaba en la noche del lunes, como decía, el ciclo con un recital de guitarra del maestro jerezano que se acompañó de la guitarra del joven Paco León, uno de sus discípulos, y de la violinista suiza afincada en Jerez Sofhia Quarengui. Destacar el hecho de que el cartel anunciara actuación de Paco Cepero y Juan Villar. El orden del factor aquí parece importante, pues es el tocaor quien está en primer lugar. Durante décadas, han quedado relegados a un segundo y tercer plano, hasta que llegara la discografía de Camarón con los primeros vestigios del nombre de un guitarrista en la portada de los discos de vinilo ('y la colaboración especial de Paco de Lucía'). En cualquier caso, y tras la actuación, se entendió está máxima. El peso de la noche fue para el jerezano que dio un recital antológico de las composiciones que lo han elevado a categoría de maestro. Porque a Juan Villar apenas lo pudimos disfrutar veinte minutos.


A Cepero no lo vamos a descubrir ahora. En los últimos años, las múltiples veces que lo he podido ver en escenario ha demostrado que no ha perdido un ápice de su hegemonía tocaora con las seis cuerdas. Sus melodías pegadizas, sus picados y sus rasgueados son a la postre una seña de identidad inequívoca de un sello musical. Así, el repertorio que nos trajo al teatro fue un recorrido por sus creaciones más significativas. Hasta nueve de sus obras más singulares pudimos saborear: Fandangos de Huelva 'Noche andalusí', la rumba 'Cartuja', los tanguillos 'Mi Andalucía', los tangos 'Taberna del Puerto', las bulerías 'Plazuela' (introduciendo falsetas de las bulerías 'Sueños de Jerez'), la canción dedicada a todas las mujeres 'Capricho', la rumba 'Varadero', la taranta con remate por bulerías 'Castillete minero' y el cierre con 'Agua Marina' con guiños melódicos a alguna de las coplas que le compusiera en la década de los '70 a Chiquetete.


Con el regusto de las manos de Cepero, Juan Villar parecía que nos iba a regalar una velada de cante de las de antaño. Sin embargo, entre el catarro que nos dijo que tenía y el paso del tiempo por sus cuerdas vocales, nos quedamos con ganas de interiorizar la fuerza expresiva que siempre ha tenido el cantaor gaditano. No se le puede pedir que esté como cuando tenía treinta años, pero bien es verdad, que la falta de fuelle le pasó factura. No en vano, escuchar a Juan Villar es un privilegio cante como cante. Su repertorio fue corto en número de cantes, pero largo en intencionalidad: Soleá, alegrías, tangos (acercándose a Pansequito) y bulerías.




martes, 13 de diciembre de 2016

ENCUENTROS FLAMENCO OTOÑO 2016. RESEÑA

Una vez finalizados los Encuentros Flamencos de Otoño de 2016 es momento de valorar, reflexionar, meditar y dar soluciones a cuantos problemas pudieran haber surgido a la postre de los mismos. Otrora, es imprescindible valorar todo lo positivo que ha resultado en el resto de cuestiones.
En cualquier caso, lo mejor es centrarse en la parte artística y rendir cuentas de los eventos a los que he acudido y de los que puedo y debo dar opinión de aficionado.

El pasado miércoles volvió a los escenarios Fuensanta La Moneta. Tras un impass en su carrera, se subió de nuevo al escenario del Isabel La Católica junto al Pele. En esta ocasión, diferentes a cuantas otras hemos visto de este tándem de artistas, los roles se cambiaron, esto es, el peso específico de la noche recayó en el cante del cordobés. Nadie va a descubrir ni ahora ni desde hace décadas la personalidad del Pele. Con su trayectoria, poco o nada se puede criticar, salvo de manera constructiva, porque pocos artistas hay tan interesantes en el panorama flamenco por su forma de decir el cante como él. En esta ocasión, para el regreso de La Moneta, el Pele puso en la seguiriya y en la zambra todo de sí para redescubrir con admiración, la profundidad que es capaz de aportar La Moneta con un gesto y/o movimiento a esta tragedia sonora. Porque esa tragedia sonora se convirtió en tragedia visual. Fue de esos momentos en los que si desaparece la música y voz cualquiera asume que lo que está haciendo ella es sentir la seguiriya en su cuerpo.
El resto, fue para el cante, desde la toná hasta la soleá, alegrias con guiños a Morente, seguiriyas, granaina y fandango de Huelva por bulerías y un final por bulerías. Niño Seve en solitario se explayó por levante. Y al compás, las palmas de Miguel 'Cheyenne' y José Cortés 'El Indio'. De estos dos hablaremos al final de este texto. Fue quizás un espectáculo breve, demasiado para aquellos que poseen buen paladar y quieren degustar las exquisiteces del flamenco. De lo que no me cabe duda es de que, tras verlo, uno se da cuenta de lo fácil que se pueden hacer las cosas cuando se pone conocimiento y pasión.

El jueves hubo triplete de artistas. Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte y lo demuestran cada día. Y si se les da la oportunidad de estrenarse en estas tablas, bien vale un aplauso para quien ha decidido que así sea.
Comenzó la noche una joven promesa granadina que en poco tiempo está consiguiendo que se hable de ella en los mentideros flamencos. Con una voz brillante, limpia y potente, principió su repertorio con cantes de trilla rematados con la cabal más cabal de todas las cabales, que diría Gamboa, la del Serna. Apostó por la farruca, dulce y expresiva en el contenido musical, seguidas de cantiñas y bulerías con guiños a Chano Lobato. Finalizó con una ronda de fandangos personales alejada de micros. Su entrega obtuvo como resultado una ovación del respetable. Luís Mariano la acompañó magistralmente. No sorprende este guitarrísta en cuanto que en sí mismo es una sorpresa cada vez que hace sonar la guitarra. Pocos hay tan efectivos en su forma de hacer las cosas. Y de nuevo, Cheyenne y José Cortés al compás. La pareja del ciclo.
Tomó el relevo una cantaora diferente. Es granaina aunque reside en Madrid desde hace años. Con la guitarra del jerezano Javier Patino calentó voz por caracoles, muy preciosistas y ejecutados con milimétrico ajuste chaconiano. En su repertorio, malagueñas, guajiras, granaina y media granaina, zambra y panaderas. Ella es Gema Caballero. La notamos con la voz rozada en los altos, aunque puede presumir de haber demostrado un extenso conocimiento que queda patente en sus cantes. Las palmas las regalaron Cheyenne y José 'El Indio. ¿Otra vez?
La tercera esquina del triángulo artístico de la noche fue la bailaora Cristina Aguilera. De nuevo, la guitarra de Luís Mariano y el cante de Sergio El Colorao y Antonio Campos. Las palmas fueron las de Cheyenne y El Indio. ¿¿Otra vez?? - ¡Seguro?
Campos se acordó de Morente por fandangos de cuño personal que dieron la vez al Colorao en los modos de Juan Breva hasta que apareció Aguilera con castañuelas danzando al son del fandango del Albaicín ejecutado en su forma primitiva. Cantes de trilla para Campos y El Colorao y regreso de la protagonista por seguiriyas. Ya le hemos visto esta coreografía en otras ocasiones. Está bien trabajada, muy medida y perfectamente ejecutada. En cuanto le meta esa parte que no se estudia y provoca la transmisión estará completada para exportarla y recoger los frutos.

La noche del viernes, otro triplete de grandes figuras. Juan Ángel Tirado, Pedro el Granaino y Nene de Santa Fe.
Leyendo estos tres nombres, en cualquier escenario de España estaría todo el billetaje vendido. Pero en Granada, tierra flamenca, la afición se confundió de flamencos y tuvo que irse al Coto de Doñana, porque pocos se enteraron de que estaban en Granada.
Tres figuras, diferentes entre ellas, personales, a la par que autoridades del cante desde diferentes prismas.
Paradójicamente, vimos al que abrió la noche, Juan Ángel, entregado al máximo pero desde el principio, no acabó de encontrarse ni de conectar con el público. No sabría decir que falló, pero quitando a sus incondicionales, apenas un olé en las butacas en toda la noche. Hubo dos cantaores: uno, reposado, midiendo el cante, templándose, y otro, salvaje, anárquico, buscando que el duende saliera para darle un Olé de órdago. Pero se ve que tuvo que irse también al Coto. Alegrías, cantes de levante, soleá por bulerías en la velocidad pero no en los estilos, tientos y bulerías. Y fue en los tientos donde sí encontramos al Juan Ángel que nos gusta, manteniéndose en los medios para romper los moldes en los remates. A las palmas, Cheyenne y El Indio. ¡No me lo creo ya!. ¿De verdad?
Pedro el Granaino tiene un sello muy personal en su voz. Con aire camaronero, este cantaor ha sabido personalizarse y alejarse del arquetipo musical del de San Fernando para pasar por su filtro todo aquello que toca. Con la guitarra de Diego Amaya su repertorio se basó en soleá, tientos (Recuerdo a Morente), tarantas, bulerías (se acordó de Camarón) y fandangos de Chocolate y Caracol. A las palmas Cheyenne y El Indio. ¡¡¡¡Venga yaaaa!!!!! Será broma.
La guinda de la noche, fue a parar a Santa Fe, que aunque no está en la ruta del Coto hay quien se puede confundir.
Nene de Santa Fe estuvo plétorico. Y no sólo por tener ganas de cantar, que no había quien lo bajara del escenario, sino porque su actuación fue de esas que quedarán para la historia jonda por su categoría y sus formas primitivas de hacer lo que sabe. Cantar por derecho. Se arrancó por romances, y continuó con tientos-tangos, caña, malagueña, seguiriyas, cuplé por bulerias y remató por toná. Esas tonás, pactadas de antemano a hacer entre los tres artistas se quedaron en un sólo, y se fueron a Santa Fe. Y es que El Nene es un cantaor rancio, con sabiduría en su paladar y con profundidad en la forma de transmitir. A día de hoy, el eslabón cantaor entre viejas y nuevas generaciones del cante. Muchos jóvenes deberían acudir a estos modos de interpretar y dejarse de redes sociales, youtubes varios y mp3, 4 y 5. Donde de verdad se aprende es con estas voces.
Ah, se me olvidaba. ¿Adivinan quién hizo el compás en estas tres actuaciones? Seguro que no.
Pocas veces se valora el trabajo de los palmeros en un espectáculo al creer que son secundarios. ¡Error! Además de ser importantes, en muchos casos, son imprescindibles. Y desde esta tribuna quiero agradecer y valorar enérgicamente las intervenciones de Miguel 'El Cheyenne' y de José Cortés 'El Indio' porque no se puede ser más profesional que estos dos, que han estado a la altura de cuantas intervenciones han llevado a cabo en estos encuentros flamencos. Desde aquí mi aplauso más fuerte a ambos.




MARIQUILLA

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