domingo, 2 de septiembre de 2018

XXXIX Festival flamenco de Ogijares. 2018.

Hará unos veinte años que acudo a la cita de final de verano del Festival flamenco de Ogíjares. Recuerdo los cambios que ha ido sufriendo desde entonces, desde los formatos del escenario, hasta los perfiles artísticos que predominaban conforme pasaban los años y cambiaban los gustos del público, de aficionados, sobre todo con la nueva incorporación de una generación de jóvenes artistas que pedían paso a gritos (valga el símil con el quejío fondo) un lugar en el flamenco. Con respecto a los últimos años, poco o nada ha cambiado. Sin embargo, esta edición ha sido un éxito de público. Por dar un dato, en años anteriores, la preventa de entradas no alcanzaba las 200 entradas a un día antes de su celebración. La noche del sábado y a un día del evento, rozaba las 800 vendidas. Algo insólito, según me contaban miembros de la organización. Entre 2.500 y 2.700 personas congregadas en total. Sería conveniente adentrarse en el por qué de este cambio, teniendo en cuenta que el formato es el mismo desde hace mucho tiempo, que el nivel de los artistas viene a ser similar y que el público está meridianamente consolidado cada año; las mismas caras salvo excepciones puntuales. 
Las familias, más neveras que otros años, con las cenas para los hijos y amigos fueron la tónica predominante en un pequeño rincón de los asientos laterales colindantes al escenario. Nada nuevo. Sin embargo, sí se ha notado un incremento de la tipología del público. Todo apunta a que el cartel que presentaba una notable presencia de artistas gitanos, inclinó la balanza asistencial lo que obviamente puede atraer a aficionados que se centran en este tipo de artistas y de gusto cantaor más que en los no gitanos. Sea por lo que sea, el flamenco es el que salió ganando. El cartel fue sobresaliente en todos los sentidos. Un abanico amplio de registros en sus protagonistas. Gustos como colores. Y en la amalgama cromática está el triunfo. Los responsables de la Peña y el Ayuntamiento dieron en el clavo. Habría que analizar con mirada crítica otros factores que nos puedan dar otra respuesta válida a la masiva asistencia pero no cabe en estas líneas. 

Esta XXXIX edición rindió homenaje al cantaor chiclanero Alonso Núñez Rancapino. Toda una declaración de intenciones y elogio a su trayectoria en el flamenco más que merecida. Las palabras del presidente de la peña La Yerbabuena José Antonio Martín y la entrega de un reconocimiento en forma de placa dieron paso a la intervención inicial del tocaor Israel Gómez, artista local que interpretó una soberbia granaina antes de dar paso a Rancapino con la guitarra de Nono Jero. Un fino hilo de oro aguardentoso emite cuando ruge, revolviéndose y buscándose en lo más adentro hasta llegar al tuétano del cante. Alegrías, malagueñas y bulerías. Un corto y gigantesco recital en el que independiente del paso del tiempo en su voz rota y ya frágil se imprime el eco de una historia del cante. 
Del cartel oficial, María Terremoto inició el festival oficial con la guitarra igualmente de Nono Jero y las palmas de Manuel Valencia y Manuel Cantarote. Bulerías por soleá, tientos y tangos y fin de fiesta por bulerías en una cantaora que se encontró a gusto y potente en la voz. Un pena que el compás de decenas de aficionados en sus butacas no dejara apenas escuchar como se acordaba de Pastora, de La Paquera, de su padre o de Porrina en los tangos. 
También largo fue el repertorio de Morenito de Íllora, a quien es difícil escucharlo en festivales veraniegos como cantaor 'de alante'. Con Jorge Gómez a la guitarra, mantiene viva la llama de un eco cercano a Camarón pero a la vez tan distante que la personalidad que tiene lo eleva a cotas sobresalientes cada vez que abre la boca. Repertorio de malagueñas, bulerías por soleá, fandangos recordando a Caracol y al Rubio y tangos con reminiscencias camaroneras finales. Morenito es de esos artistas que no están donde se merecen en cuanto a cantaores de relevancia en el panorama de festivales y citas flamencas de envergadura. Una pena.

Tras un breve receso para acomodar el escenario al baile, el menor de los Farrucos, El Carpeta, fue corto pero intenso, una tónica dominante esta noche. Seguiriyas y bulerías eléctricas, metrallosas e indomables, que diría Porrinas de Badajoz en sus fandangos donde mostró la escuela de la que procede y la senda a la que quiere llegar.  
El lebrijano José Valencia, que fue quien siguió, acompañado de Juan Requena fue el más largo tanto en repertorio como en flamenquería. Soleá, malagueñas y abandolaos, alegrías, seguiriyas y bulerías. Cinco cantes como cinco soles. Es abrir la boca y salir de las profundidades de su boca un caño de cante clásico mamado desde la niñez,  madurado con el corazón, pulcro en el contenido y personal en las formas. 
Para terminar la noche, ya cerca de las cuatro de la madrugada, Capullo de Jerez, a tenor de la respuesta del público fue el más esperado. 
Con la guitarra de Manuel Jero empezó con bulerías por soleá y fandangos. Una pincelada para los más deseosos de escucharle 'detalles' antes de encontrarse con el clamor de un público poseído, entregado, dominado por una cantidad ingente de jóvenes que se agolparon a pie de escenario con móviles en las manos para inmortalizar las pegadizas letras por tangos y bulerías que desde hace años consiguen que las masas juveniles lo tengan como un Dios. No en vano, resulta paradigmático que sean los cantes de este tipo los que levanten pasiones y no una seguiriya o una soleá, cantada por derecho. Será esta una lectura y muestra clara de hacia donde camina el cante en el siglo XXI y cuales van ser los modelos de referencia. 
Al principio aludía a cuáles podrían ser los motivos de llenar un festival como éste con un aforo sorprendente. La respuesta podríamos encontrarla precisamente aquí: una juventud con afición pero que en su rango de prioridades priman los cantes de compás con letras pegadizas y f-v-acilonas como las de Capullo de Jerez.

LOS VERANOS DEL CORRAL. 2018.



02/09. EL JUNCO con SUSANA CASA artista invitada.
Ezequiel Montoya y Jesús Flores, cante.
Ramón Amador, guitarra.
Roberto Jaén, percusión y palmas.

03/09. ANA MORALES 
Miguel Ortega, cante.
Rafael Rodríguez, guitarra.
Daniel Suárez, percusión.

04/09. ANDRÉS PEÑA
Miguel Soto Peña, cante.
Rafael Rodríguez, guitarra.

05/09. CRISTINA AGUILERA
Moi de Morón y Pepe de Pura, cante.
Luis Mariano, guitarra.

06/09. AYASA KAJIYAMA
Moi de Morón y Pechuguita, cante.
Ramón Amador, guitarra.

09/09. FUENSANTA LA MONETA
Mercedes Cortes, cante.
Álvaro Martinete, guitarra.
José "El Indio", palmas.

10/09. FERNANDO JIMÉNEZ
Victor Carrasco y Kiko Peña, cante.
Miguel Pérez, guitarra.
Rafael Heredia, percusión.

11/09. TRIANA MACIEL
Juañares y Gabriel de la Tomasa, cante.
Jony Cortes, guitarra.
Marina Perea, palmas.

12/09. ALFONSO LOSA
Juañares e Ismael "El Bola", cante.
Yerai Cortes, guitarra.

13/09. OLGA PERICET con JESÚS FERNÁNDEZ artista invitado
Jeromo Segura y Miguel Lavi, cante.
Pino Losada, guitarra.

 

CHANO DOMINGUEZ/MARTIRIO. Teatro Alhambra. 23/05/2024.

 Cuando se juntan dos titanes es difícil precisar cuál de los dos nos llevan al cenit, al éxtasis. Chano Domínguez y Martirio se conocieron ...