viernes, 24 de marzo de 2017

BARÓN, CAMPALLO, SELLÉS. TRÍO DE ASES. Teatro Alhambra. 20.3.2017

La semilla que sembrara Vicente Escudero sobre cómo bailar en masculino sigue dando frutos. Aquel decálogo que marcó un antes y un después en el baile flamenco ha recuperado en las figuras de Javier Barón, Rafael Campallo y Alberto Sellés toda su esencia.
Hace poco alguien me decía que estaba cansado de ver a bailaores bailar con el pecho descubierto, con bata de cola y con formas semejantes a la danza femenina. Los tiempos cambian pero no cabe duda que el eje vertebrador se mantiene. Las nuevas generaciones avanzan en la investigación y evolución de la danza flamenca y algunos de los elementos casi fundamentales del pasado desaparecen para innovar. No fue esta la intención que captamos en los tres artistas que estuvieron en el Alhambra el lunes. Dirigidos por el Premio Nacional de Baile Javier Barón, Alberto y Rafael se pusieron en sus manos para dar forma a una idea cuyo argumento se basó en el paso a tres. Son tres personalidades distintas que confluyeron en una idea común.

Algo muy preciado en el flamenco es adquirir una personalidad tal, que te haga distinto de cualquier otro. Un sello propio. Me aventuraría a hacer un experimento: ver bailar a estos artistas sin que podamos ver sus cabezas, para poder conocerlos por sus brazos, sus pies, su verticalidad. Son tan personales y tan diferentes entre sí que, incluso juntos y con mismas estructuras en las coreografías son tangencialmente opuestos haciendo exactamente lo mismo. Y no resultaría difícil identificar a cada uno.

En Alberto encontramos la fuerza de quien es joven y presume de arriesgar en el fondo y en la forma. En Rafael podemos apreciar la madurez de quién tiene un bagaje de largo recorrido y una expresividad en su braceo fuera de lo común. Sus pies no se quedan atrás y el conjunto es, hoy por hoy, uno de los grandes baluartes del baile sevillano.
Para Barón, la experiencia se une con la personalidad de quien ha recorrido el mundo dejando el pabellón del flamenco en lo más alto.

'Inmanencia' que así se llama el espectáculo, comienza con rondeña acercándose por momentos a la version de Ramón Montoya que deriva en bulerías. Una fugaz aparición de cada protagonista deja paso al más joven (Alberto) con taranto. Fue una pena que los micros del suelo apenas se escucharan pues ensombrecieron su labor y su ejecución de cara al público. Sonando tangos de Triana se escondieron entre cortinas Campallo y Barón en un juego cordial de pies hasta que aparecieron en el escenario en paso a dos. Tras un sólo de bulerías, la caña fue el primer paso a tres y la confluencia donde se conexionan tres formas de bailar y una sola de transmitir.

En solitario, Campallo brilló con luz propia en el escenario por seguiriyas. A la sobriedad de los focos se unió una impecable creatividad en cada movimiento, en cada mirada, en cada pose. Estoy seguro que solo alguien con una sensibilidad especial entre el público disfrutó de ese momento tanto como el bailaor. O más. Y no es para menos.
Algo parecido a la alegría de los tangos sucedió con las bulerías de Cádiz. Jarana y gracia salinera entre las 'pataitas' de los tres protagonistas jaleados por el resto de músicos.

Por tientos y dando descanso al baile apareció Javier Rivera.
Otro de los momentos fastuosos de la noche fue la farruca que, aunque corta en el tiempo, fue suficiente para volver a mostrar tres formas de entender el flamenco con una misma coreografía: lo difícil lo hicieron fácil. La hibridación de tres visiones se hicieron una.
Jeromo Segura dio el relevo a Javier con una milonga para engarzarla con soleá por bulerías y cantiñas al final de la noche. De nuevo y para terminar, un paso a tres, más modesto e individualista que los anteriores pero igual de vistoso.
Las guitarras de Manuel de la Luz y de Miguel Pérez junto a las palmas de Roberto Jaén y José Luís Pérez-Vera completaron un cuadro pintado por Vicente Escudero.








jueves, 23 de marzo de 2017

DON ANTONIO CHACÓN VISITA LA PLATERÍA

Fue en 1922 cuando D Antonio Chacón estuvo en Granada para presidir el Concurso de Cante Jondo de 1922. No fue su primera vez pues estuvo una temporada en la ciudad en la época de los cafés cantantes en el último tercio del siglo XIX. Ahora, en pleno siglo XXI nos visita de nuevo, esta vez en forma de libro-disco en el que se incluyen tres grabaciones inéditas hasta la fecha, de un total de 57 cantes. 
Quien dirige la obra es el coleccionista Carlos Martín Ballester. A la presentación acudirá uno de los autores del análisis musical de la discografía, el prestigioso investigador Ramón Soler. 
La presentación se llevará a cabo en la sede de la Peña La Platería, en el barrio del Albaicín, en la Plaza Toqueros, nº 1. 
La entrada es libre hasta completar aforo. Tras la presentación, habrá actuación de cante y toque por parte de Antonio Campos y el guitarrista Manuel Fernández.
La presentación correrá a cargo de Miguel Ángel Lorenzo y de Antonio Conde González-Carrascosa.




viernes, 17 de marzo de 2017

AL TRASLUZ. LUCÍA GUARNIDO. Teatro Alhambra. 13/3/2017


'Al trasluz' es una obra que juega de principio a fin con el efecto luminotécnico desde que aparece en escena Lucía Guarnido bailando una guajira. Durante la mayor parte del espectáculo la luz juega un papel principal en todo cuando alumbra. Desde los cenitales que dan intensidad a los cantes en solitario hasta la brillantez que se refleja en su bata de cola cuando baila granainas y termina con minera.
No cabe duda que existe una intención en ese uso. Sin embargo, abusar de lo oscuro puede no ser bueno si lo que se quiere mostrar es un buen baile como el de Lucía. Porque, aún al trasluz, la madurez artística rebosa en ella. El enriquecimiento escénico es bueno cuando acompaña al artista principal pero no debemos de olvidar que la transmisión depende del artista, no de los efectos paralelos. Aún así, si ese es el argumento colateral de esta nueva obra de la bailaora granaina, bienvenido sea.
Granada cuenta con artistas de primer nivel, en todas sus disciplinas. Será por eso, que algunos de ellos son los 'elegidos' por la mayoría para componer el cuadro musical que acompaña a l@s bailaor@s. Salvo excepciones, vemos que cuatro-cinco artistas se reparten el atrás de la mayoría de los espectáculos flamencos que solemos ver en Granada. Sergio 'El Colorao' y Alfredo Tejada en el cante, Luís Mariano, el 'omnipresnete Luís Mariano', y la percusión de El Moreno son bazas ganadoras en cualquier ring flamenco. Y Lucía lo sabe.
Así, comenzó con guajira, dulce como la melaza y roneante en su figura. Granainas con bata de cola blanca que dieron paso a la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández y a la minera
De la misma guisa se presentó por tangos, con recorrido desde Málaga hasta Triana parando en el Albaicín. Fue un punto de inflexión en el argumento de la velada. Contoneos continuos de cadera, dibujos corporales sinuosos y bellos de estampa. Recordó a las viejas gitanas trianeras en sus casas de vecinos con aquellos delantales que nunca quitaban de sus cinturas.
Fue generosa en el escenario pues acompañó la magistral interpretación de Ester Crisol tomando prestada las letras de 'La llorona' de Chavela Vargas. Finalizó por soleá que derivó a romances y bulerías de remate final.
Entre transiciones, Luís Mariano guió musicalmente al elenco junto a las voces de Tejada y El Colorao y la percusión del Moreno, que apostaron por cantes de trilla, alegrías y cantiñas y pregones (de los caramelos para Alfredo y del uvero para Sergio).












viernes, 10 de marzo de 2017

ANTONIO CAMPOS. Teatro Alhambra. 6 marzo 2017

De conciertazo se puede catalogar el recital de Antonio Campos en el teatro Alhambra. Se aunaron los planetas, las estrellas y hasta los duendes se atrevieron a aparecer. Algo que no sucedía hace mucho tiempo. No es exageración si digo que probablemente sea uno de los mejores recitales que le he escuchado a un cantaor en los últimos tiempos. A pesar de la ausencia por enfermedad de Pepe Habichuela, el cambio no disipó la calidad de la hegemonía flamenca que se pudo escuchar en el escenario. Cuando las fuerzas se juntan, y aparecen intrínsecas la ganas de formar el taco, de liarla, de plantarse y rebelarse es cuando todo funciona y podemos hablar de cuasi genialidad. Porque, sin temor a errar, ni faltó ni sobró nada esa noche. Hubo quien comentó a la salida que no cantó por los 'palos' fuertes, haciendo mención a las malagueñas o las seguiriyas, pero ¿acaso hacía falta? ¿Acaso no hizo grande todo lo que cantó Antonio? Fue José Carlos de Luna quien en su libro 'De cante grande y chico' sectarizó y relegó a la segunda división a algunos cantes más superfluos, según él. Menos mal que el tiempo le quitó la razón y hubo otros que sentenciaron que el cante lo hacen grande o chico los cantaores. Ahí queda eso.

Si analizamos la grandeza con la que Antonio se deshizo en todo cuanto cantó y Dani de Morón junto a Miguel Ángel Cortés en todo cuanto tocaron, toda la noche escuchamos seguiriyas de lo más puro, 'palabro' poco acertado en el flamenco aunque utilizado por un sector ciertamente ortodoxo.
De principio a fin el acierto en la elección de estilos fue la nota predominante. Cum Laude si hablamos de notas.
Campos se atrevió a elegir un repertorio nada usual, ajeno a los circuitos y al uso predominante de la mayoría de artistas. De este modo, arrancó con alboreá. Que no es común escucharla en los directos es una realidad, pero se suele hacer como remate de algunas bulerías por soléa o incluso dentro del repertorio melódico de éstas y de las bulerías romanceadas. Antonio prefirió bordar la actuación desarrollándolas sin añadidos. Continuó por cantiñas y alegrías. A pesar de venir de Jerez de actuar la noche anterior y haber acusado el esfuerzo en sus cuerdas vocales, apenas fue perceptible el lastre de tal esfuerzo. No en vano, supo dosificar su potente voz trabajando los bajos cuando el cante se lo permitía. La milonga fue un ejemplo de tal extremo, a caballo entre Chacón y Morente.
La granaína fue corta, breve, hablada y finalmente explosiva. Toda una declaración de intenciones.
Los cuatro cantes ya descritos fueron acompañados por la inmensa guitarra de Dani de Morón, cuyo protagonismo estuvo presente toda la noche. Campos supo dar su sitio al genial tocaor sevillano, a quien admira como profesional y como persona. Antonio dixit.
El cambio en la sonanta vino a continuación cuando la guitarra del granaino Miguel Ángel Cortés le acompañó por mineras y levantica. Sorprendió ver la evolución infinita en las manos del hijo de Miguelones.

Fue breve su aparición pues volvió Dani para acompañar el romance de 'la monja contra su voluntad' que debemos gracias al tesón de Luís Suárez Ávila que consiguió grabar la voz del Negro del Puerto. El paso natural en el cante se tradujo en la petenera en versión de La Niña de los Peines.
A partir de este momento, el elenco al completo mantuvieron la musicalidad del resto del recital. Los Mellis, por un lado, reyes del compás y coristas imprescindibles; Dani junto a Miguel Ángel Cortés, que se repartieron las falsetas a 'pachas'. Y Antonio más crecido conforme pasaban los minutos.
Volvió a sorprender Campos con marianas, otro cante poco usual en los directos de los artistas que engarzó magistralmente con el recuerdo a Carmen Amaya en la zambra 'Mi madre se llamó Tana' seguidos de tangos de la tierra.


El siguiente cante se desarrolló al compás de soleá pero principiando con bamberas, polo de Tobalo, caña, soleá por bulerías y soleares lebrijanas. Finalmente, hubo dos fin de fiesta, uno de ellos atípico del todo. El primero, por bulerías con la complicidad de ambas guitarrras que se regalaron falsetas la una a la otra. El segundo, por tonás recordando a Morente, y dando paso al agitador flamenco y poeta Ortíz Nuevo hablando de manera incorpórea con el maestro Morente divagando sobre la muerte del cante flamenco. Una oda a la blasfemía jonda de su desaparición. Sólo alguien como él se atreve dejar en evidencia a Manuel Morao y a tantos otros que ven la muerte del flamenco.